lunes, 11 de enero de 2016

Empezamos bien...



  
Carlitos aún creía en los Reyes pero -estaba claro- no confiaba en ellos. Si no, no hubiera hecho lo que hizo; si Carlitos hubiera confiado en los Reyes no hubiera secuestrado al Niño Jesús.

En el belén, San José tenía las manos levantadas al cielo como pidiendo una explicación y la Virgen miraba, desolada y meditabunda, el pesebre vacío.

Volveréis a ver al Niño si Melchor me trae la Wii -rezaba el mensaje de atropellada caligrafía que encontraron bajo la mula.

El Nacimiento cada vez estaba más alborotado. Los pastores y la lavandera se acercaron al portal para interesarse por lo ocurrido; convocaron una concentración silenciosa junto al río y regresaron mansamente a sus sitios. El centurión romano peinó con un par de legionarios musgo y cartón piedra sin ningún resultado. Melchor buscó inútilmente en sus alforjas el trasto que pedía aquel mocoso.

Despedíos del Crío si llamáis a la policía terminaba la nota.

Dejaron la Wii junto a los zapatos.

No durmieron en toda la noche: no tenían muy claro que Carlitos cumpliera su promesa.

En fin.


Aster Navas, Un chico prometedor