domingo, 30 de enero de 2011

Medio pan y un libro




"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".


Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada).
Septiembre 1931. 






Nunca habían estado en el centro. Jamás habían pisado una librería. Hasta ayer. Ayer, una profesora de instituto se llevó de paseo a sus niños de las Tres Mil. Y esto fue lo que pasó.

Nazaret es alta para sus 14 años. Tiene una sonrisa tímida y deliciosamente parca; una mirada de las que se usan para soñar y con la que seguro que más de una vez se ha evadido de esa prisión de ladrillo cara vista que es su barrio de las Tres Mil Viviendas en Sevilla. Ayer pisó una librería por primera vez en su vida, aunque la biblioteca de su instituto se sabe de memoria sus pasos en busca de relatos breves y recopilaciones de leyendas. Lo que más le gusta hacer, según decía al final de la excursión, es estar con sus amigas (la afición más común en ese grupo y en todos los de su edad). Pero, por encima de todo, atesora una vocación que ayer cobraba entidad entre las montañas de libros: "Me gustaría ser escritora".

domingo, 9 de enero de 2011

Literatura, Ciencia y ¿Ficción?

Siempre hemos mirado a las estrellas.

Noche estrellada, Vincent Van Gogh


Mitos y leyendas nos abren las puertas a la posibilidad de volar hasta ellas. A través del tiempo, Luciano de Samosata, Cyrano de Bergerac, Johannes Kepler, Julio Verne... todos sueñan con viajar a la luna.

Las historias basadas en viajes imaginarios tenían por lo general una finalidad satírica, como es el caso de Los Viajes de Gulliver, obra maestra del escritor inglés Jonathan Swift.

Pero ni siquiera una mente tan imaginativa como la de Swift podría soñar con una realidad tan microscópicamente pequeña e interesante como la que estos últimos años la Ciencia está haciendo posible: Nanotecnología "Microliliputiense".

En la Nanociencia, "lo pequeño es diferente" . Las cosas pequeñas son radicalmente distintas. A partir de un determinado tamaño, las propiedades de la materia cambian. El objetivo de la Nanotecnología es dar la vuelta al camino: ver si somos capaces de fabricar algo útil e interesante con estas cosas tan pequeñas.
Y parece que lo estamos consiguiendo.

Hoy el hombre debe empezar de nuevo a volar con su imaginación, porque la ciencia ficción se ha ido derrumbando gracias a los avances científicos.



Aunque siempre seguiremos mirando a las estrellas.

Noche estrellada de Van Gogh, fotografía de Martí Busquets


jueves, 6 de enero de 2011

Deseos




Perfectos, perfectos, lo que se dice perfectos...
Aquí os dejamos una página en blanco para que la llenéis de propósitos y deseos.
¿Seremos capaces de hacerlos realidad?