domingo, 18 de diciembre de 2011

Nuestros alumnos os recomiendan...

Los alumnos del IES Jándula nos guían a través de sus lecturas favoritas.
Queremos de esta manera acercar los libros a vuestras familias para que disfrutéis en estas fechas de la magia de la lectura.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Sísifo feliz



Sólo tenemos este mundo. Y como la existencia de la especie humana en el planeta azul es de fecha reciente y su duración depende de lo que hagamos o dejemos de hacer, somos responsables de su estado. Lo hemos desfigurado en gran medida, lo hemos sobreexplotado y dejaremos a nuestros descendientes una carga hereditaria inevitable. De forma que hay que reconocer y nombrar esas y otras verdades. Hay que hacer rodar las piedras. A ese trabajo forzado para toda la vida nos anima Albert Camus. Dice: "La lucha misma hacia las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz".



"No te afanes, alma mía, por una vida inmortal"
Píndaro



Y descendemos rodando a los infiernos "en el camino a Ítaca"...


jueves, 1 de diciembre de 2011

El Cervantes para el antipoeta del Sur



Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne
hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.

Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.





El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario.

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios.

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.


jueves, 17 de noviembre de 2011

¡Qué "heavy"!




"No soy muy aficionado a la música, excepto cuando una canción-copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz- cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. (...)

Ocurre que en los últimos tiempos -a la vejez, viruelas- he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto. Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas. Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Termópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología -Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano- es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia. Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El señor de los anillos hasta La isla del tesoro o El cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia -que sólo ellos entienden, los jodíos- mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude -La cruz de Santiago- al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla. Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé -lamento no haberlo sabido antes- que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega. El grupo riojano Tierra santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma".

Arturo Pérez Reverte
 

P.D. También disponible en otras versiones...




martes, 18 de octubre de 2011

TÓTOGU (parte 3/3) de Manuel Amaro Parrado




Al apretar el gatillo, cerró los ojos y sintió cómo la sangre de su compañero le salpicaba la cara.

Mientras el cuerpo del hombre muerto se desplomaba contra el suelo, notó una punzada de dolor en su pie izquierdo y vio que uno de los deleznes había llegado hasta ella y empezaba a morderle el dedo gordo. Le propinó un puntapié y luego apuntó con su arma, más llena de ira que nunca, para disfrutar viendo cómo los sesos gelatinosos de la criatura saltaban por todas partes.

Al olor de la sangre fresca de Renasconte, los deleznes parecieron olvidarse de ella y acudieron a por su parte de aquel festín, momento que aprovechó la chica para alcanzar la puerta y abrirla. Nada se escuchaba al otro lado, tan sólo un silencio que le resultó embriagador en contraste con los terroríficos crujidos de placer que emitían los deleznes en pleno éxtasis.

No miró hacia atrás. Lloró un poco por Renasconte y algo más por sí misma antes de dar un portazo y adentrarse en aquel oscuro pasillo que bien podría llevarla a un lugar aún más peligroso que aquel en el que se encontraba.

Delante de ella, una muerte posible. Detrás de sí, una muerte segura.

Si hubiese sido valiente, se hubiera quedado donde estaba.

Encendió su linterna y empezó a correr, confiando en que aquella vez pudiera alejarse tanto que aquellos demonios voraces no fuesen capaces de encontrar su rastro. Después de unas horas, se detuvo jadeante e intentó calmar su respiración para escuchar.

Nada. Todo estaba tranquilo. Por el momento parecía encontrarse en un lugar seguro. La luz de su linterna empezó a titilar, así que emprendió la marcha para aprovechar todo el tiempo posible con luz. No podía dejar de pensar en Renasconte, quien seguro que jamás hubiera podido imaginar que su final le fuese a llegar de aquella manera, a manos de una guerrera cobarde que se resistía a morir. Sudada y de nuevo jadeante, pisó un charco y se detuvo para beber de su agua, mucho más fresca, dulce y embriagadora de lo que esperaba.

Al pronto la luz de la linterna se apagó por completo, dejándola en una oscuridad profunda y aterradora. Se lavó la herida del pie en la oscuridad y descansó durante horas, sopesando sus opciones con la mente mucho más clara y despejada.

Debía seguir adelante, debía encontrar por fin una salida a todo aquello.

Después de varios días caminando en penumbras, sus ojos empezaron a percibir algo de claridad al fondo del pasillo. Observó que la herida de su pie ya estaba casi curada, hecho que la hizo sentir más optimista y animada. Al final del pasillo pudo ver una puerta de madera bajo la cual se filtraba una luz blanca y cegadora.

Tótogu agarró con fuerza su arma con la zurda y abrió la puerta con la derecha. Con un rápido movimiento, se pegó a uno de los muros, procurando alejarse de cualquier atacante mientras sus ojos se adaptaban a la luz.

Nada parecía moverse en aquel salón iluminado. Echó un vistazo rápido y contempló una estancia muy similar a la que podría haber en cualquier hogar, tal vez demasiado grande, pero al fin y al cabo algo que pretendía hacerla creer que aún podía sentirse como si estuviera en casa.

Con el rabillo del ojo, percibió un pequeño movimiento en una esquina, así que antes de girarse situó la culata de su fusil contra su hombro y apuntó con el dedo colocado sobre el gatillo.

-¡Soy humano, como tú! –exclamó un tipo negro con los brazos en alto. En una de las manos llevaba una pistola.

-Ya veo –replicó ella, algo más relajada pero sin dejar de apuntarlo-. Tu cara me suena.


martes, 11 de octubre de 2011

TÓTOGU (parte 2/3) de Manuel Amaro Parrado




-¿Desde cuándo te escondes en esta habitación? –preguntó con un tono más de exhortación que de interrogación.

-No estoy seguro –dijo-. Desperté desnudo aquí hace unas horas. Sobre aquella silla encontré estas ropas y una pistola.

Tótogu hubiese dicho que aquello era extraño si no hubiese presenciado cosas aún más extrañas en el tiempo que llevaba allí. A pesar de que se alegraba de tener a alguien con quien conversar y que a su vez pudiera cubrirle las espaldas, no dejaba de querer recopilar algo más de información que pudiera sacarla de aquel lugar maldito, de modo que le preguntó qué era lo último que recordaba antes de llegar a aquel cuarto, a lo que el negro, quien dijo llamarse Renasconte, respondió que tenía vagos recuerdos de luchas contra criaturas espantosas.

-Aunque creo que no son recuerdos, sino sueños –susurró Renasconte, como si temiera que decirlo en voz alta pudiera invocar a las criaturas de sus pesadillas.

-No estés tan convencido –indicó ella a la vez que cerraba la puerta por la que acababa de llegar. Aunque no podía estar del todo segura, creyó escuchar a lo lejos los molestos y familiares crujidos que emitían los deleznes al arrastrarse-. Tus criaturas existen y son increíblemente voraces. He matado muchas y llevo días huyendo de ellas.

-Eso explicaría la sangre que salpica tu cara –señaló Renasconte, ofreciéndole un trozo de tela húmeda con el que limpiarse.

Tótogu se rascó la cara y observó sus uñas, llenas de unas escamas resecas y casi negras. Al no recordar de dónde provenía la sangre, se encogió de hombros y le dio la razón al hombre, a pesar de que sabía que los deleznes sangraban una baba espesa de color rosáceo.

Abrió la puerta que daba al jardín y echó un vistazo a lo poco que le dejaba ver aquella niebla espesa. Le dijo a Renasconte que no estaban seguros en aquella habitación, y que si los deleznes la habían seguido no tardarían más de unos minutos en estar allí.

-¿Qué sugieres que hagamos? –preguntó el negro con escasa convicción.

-Salir a ese jardín y buscar una escapatoria –respondió con la decisión de aquel que ya ha pasado por una situación como aquella millares de veces-. Tenemos que movernos rápido antes de que los deleznes detecten nuestra presencia. No son excesivamente rápidos pero nunca paran a descansar, así que si nos siguen la pista es difícil evitar que terminen alcanzándonos.

Renasconte asintió con la cabeza mientras comprobaba con militar eficacia que su pistola estaba cargada y uno de sus bolsillos repleto de munición. Sacó una linterna de un pequeño morral que llevaba sobre el hombro y vio que funcionaba perfectamente. Al verlo, la muchacha le dijo que necesitaba pilas para la suya, y él le señaló una estantería en la que encontró baterías de todos los tamaños y formas.

-Demasiado fácil –musitó ella, evidentemente preocupada mientras cogía las dos únicas que valían para su linterna.

Renasconte observó que la chica llevaba rota la puntera de una de sus botas, por donde asomaban varios dedos, uno de ellos con bastante mal aspecto. Le preguntó que si estaba en condiciones de correr en aquel estado y ella se limitó a mirarlo con desdén a la vez que abría de nuevo la puerta que daba al jardín.

Hizo un gesto a su acompañante para que no se separara mucho e hiciera el menor ruido posible. Intentó caminar en línea recta, deteniéndose cada dos o tres pasos a escuchar o ver algo que pudiera moverse por entre la densa niebla.

Sabía que los deleznes no eran criaturas acechantes ni silenciosas, de modo que aquel silencio le hacía ser consciente de que iban por buen camino.

-¿Sabemos hacia dónde nos dirigimos? –preguntó Renasconte.

-No hagas ruido, imbécil –fue todo lo que obtuvo como respuesta.

Saltaron una ajada valla de madera y atravesaron varios setos antes de vislumbrar, a través de la niebla, un muro de piedra oscura. Tótogu se detuvo al verlo y contuvo el aliento para que su propia respiración no interfiriese en la labor de su oído.

Algo había crujido no muy lejos de allí, al frente, posiblemente cerca del muro.

Se acercó a su acompañante y le susurró al oído la palabra “deleznes”, indicándole con el dedo la dirección en la que creía que estaban. Al oír aquello, la cara del negro cambió por completo, pasando de expresar simple preocupación a mostrar un terror que hizo que la chica se arrepintiese de inmediato de haberlo llevado consigo.

-Hay que volver –dijo el hombre en voz baja.

Tótogu intentó cerrarle la boca, pero ya era demasiado tarde. Los crujidos empezaron a multiplicarse, proviniendo de todos los lados. La chica cogió a Renasconte de la mano y tiró de él hacia el muro, lanzándose a la desesperada en busca de una puerta por la que huir de aquella trampa.

-¡Están por todas partes! –gritó el hombre.

En efecto, más de un centenar de grandes gusanos amorfos reptaban hacia ellos emitiendo unos crujidos que empezaban a resultarles ensordecedores. La chica disparó varias veces su fusil y reventó a un par de deleznes que empezaban a estar preocupantemente cerca. Sopesó la idea de echar a correr hacia atrás, confiando en que las criaturas aún no hubieran cerrado su vía de escape, pero sabía que regresar supondría meterse en una habitación que no tardaría demasiado en ser cercada e invadida. Le gritó a Renasconte que disparase su arma y que se colocara espalda contra espalda con ella. El hombre así lo hizo y enseguida el ruido de los disparos se hizo ensordecedor. La chica era consciente de que no tenían munición suficiente para acabar con todos, así que tiró de su amigo y buscó hasta que a escasos metros de allí pudo ver la forma inequívoca de una puerta situada en el muro.

-¡Me quedo sin balas! –aulló el hombre-. ¡Cada vez hay más cabrones de estos y yo me quedo sin balas!

La puerta estaba libre y accesible, pero aunque huyeran sería cuestión de horas que los deleznes destrozaran la madera con su baba y emprendieran una persecución que no tendría fin.

Tótogu pensó.

No podía acabar con todos.

Tampoco podía huir y dejarse atrapar en cuanto tuviese sueño y se detuviera a descansar.

Necesitaba tiempo.

Necesitaba una distracción, algo que le proporcionara una buena ventaja.

Se quitó de encima a dos o tres deleznes que tenía cerca y entonces se giró, viendo cómo su compañero disparaba frenéticamente tanto contra criaturas vivas como contra otras que ya habían dejado de moverse.

Se dijo que no tenía más remedio, que era una simple cuestión de supervivencia.
Los dos juntos apenas tendrían opción alguna de salir adelante. Levantó su fusil y apuntó contra la nuca de Renasconte.

domingo, 2 de octubre de 2011

TÓTOGU (parte 1/3) de Manuel Amaro Parrado




Ya ni recordaba el tiempo que llevaba en aquel lugar. De nuevo estaba sola, teniendo que tomar sus propias decisiones, aunque por lo menos podía decir que la pequeña herida de su pie izquierdo apenas le dolía. Ante sí, una puerta de madera de la que estuvo segura que bastaría con un empujón para abrirla. A su espalda, un buen tramo de estrecho pasillo sombrío que acababa de recorrer y al final del cual le esperaba una muerte segura.

Tótogu agarró con fuerza su arma con la zurda y abrió la puerta con la derecha, permitiendo que una luz cegadora irrumpiera de repente en las tinieblas del corredor. Con un rápido movimiento, se pegó a uno de los muros, procurando alejarse de cualquier atacante mientras sus ojos se adaptaban a la luz.

Nada parecía moverse en aquel salón iluminado. Echó un vistazo y contempló una estancia muy similar a la que podría haber en cualquier hogar, tal vez demasiado grande, pero al fin y al cabo algo que pretendía hacerla creer que aún podía sentirse como si estuviera en casa.

Con el rabillo del ojo, percibió un pequeño movimiento en una esquina, así que antes de girarse situó la culata del fusil contra su hombro y apuntó con el dedo colocado sobre el gatillo.

-¡Soy humano, como tú! –exclamó un tipo negro con los brazos en alto. En una de las manos llevaba una pistola.

-Ya veo –replicó ella, algo más relajada pero sin dejar de apuntarlo-. Tu cara me suena.

-Todos los blancos pensáis que los negros somos iguales –el tipo bajó las manos y enfundó su pistola con toda tranquilidad. Ella también bajó su fusil, aunque no quitó el dedo del gatillo.

Miró a su alrededor y comprobó que todo estaba en un extraño orden que contrastaba con el caos que estaba acostumbrada a ver. Aquella sensación de familiaridad y de aparente seguridad tan sólo conseguía que se sintiera aún más tensa y alerta. Observó que, además de la puerta por la que había llegado, en el extremo opuesto había otra puerta más, ésta de madera labrada con escenas que no alcanzaba a ver desde allí.

-¿Qué hay tras esa puerta? –preguntó Tótogu. El negro siguió la dirección de su dedo y asintió con la cabeza.

-Un jardín con niebla –respondió.

-¿Y más allá del jardín?

 -No lo sé, no he salido de aquí. Sólo he abierto la puerta y he visto la niebla –hizo una pausa y luego añadió-: también he escuchado los crujidos.

Deleznes, murmuró ella. Atravesar un terreno abierto con escasa visibilidad y plagado de deleznes podía resultar una tarea complicada teniendo en cuenta que ni siquiera sabían si había una salida más allá del jardín. Necesitaba más información antes de aventurarse y dar un paso en falso.


miércoles, 1 de junio de 2011

En Viena bailaré contigo


Leonard Cohen


 

En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte

y un bosque de palomas disecadas.

Hay un fragmento de la mañana

en el museo de la escarcha.

Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,

de sí, de muerte y de coñac

que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,

con la butaca y el libro muerto,

por el melancólico pasillo,

en el oscuro desván del lirio,

en nuestra cama de la luna

y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos

donde juegan tu boca y los ecos.

Hay una muerte para piano

que pinta de azul a los muchachos.

Hay mendigos por los tejados,

hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,

en el desván donde juegan los niños,

soñando viejas luces de Hungría

por los rumores de la tarde tibia,

viendo ovejas y lirios de nieve

por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orillas tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals.


Federico García Lorca, Pequeño Vals Vienés


sábado, 23 de abril de 2011

Recuerdos hechos de papel


Os regalamos un libro muy especial para nosotros



Con las primeras historias de nuestros alumnos
 comenzamos este proyecto.
Hoy volvemos a leerlas con el mismo cariño
con el que nos gustaría que lo hicierais vosotros.


¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!




lunes, 4 de abril de 2011

¡Pasen y vean!


Ganador del premio 2011


 El árbol rojo, marzo 2005



Emigrantes, abril 2007




Cuentos de la periferia, septiembre 2008





La cosa perdida, marzo 2005
Óscar 2011 al mejor cortometraje de animación




La palabra oficio es hermosa. Evoca trabajo, entrega y sobre todo, amor por lo que se hace. No es cosa de oficinas o negociados, ventanillas o mostradores. Lo primero que se me ocurre asociar con oficio es mano. Una mano, las dos manos que crean objetos, cosas hermosas realizadas con medidas, con texturas, con formas y contornos que servirán de recreo a uso y vista.

Luis de Horna, Del oficio de ilustrador.


2 de abril, Día Internacional del Libro Infantil


viernes, 25 de marzo de 2011

Tolkien Reading Day


For Tolkien fans worldwide, March 25th holds special meaning. It is the day the One Ring was destroyed and Sauron and his forces fell in defeat. So it is with an air of victory that we celebrate the end of the War of the Ring. Since 2003, when Tolkien Reading Day first began, Tolkien fans worldwide have gathered for the occasion to discuss Tolkien’s work and the captivating world he created.
The theme for 2011 is "Tolkien's Trees". This year's theme is allied with the "International Year of Forests".



Today, like any other day, is a good day to read.
Happy reading!



Earth shakes
Stone breaks
The forest is at your door

The dark sleep is broken
The woods have awoken
The trees have gone to war

Roots rend, wood bends
The Ents have answered the call

Through branches now the wind sings
Feel the power of living things
The trees have gone to war!

http://www.youtube.com/watch?v=lZBcA0AH-ks&feature=related

domingo, 13 de marzo de 2011

Cadenas



¿Qué tal una de cadenas?

Una cadena de palabras es un viejo pasatiempo que consiste en elegir dos palabras con un mismo número de letras y tratar de convertir la primera en la segunda a base de sustituir en cada etapa una única letra por otra.
Sólo son válidas palabras que figuren en el Diccionario de la Real Academia Española. Así que, no sirven nombres propios, plurales o verbos conjugados, que no estén incluidos en este.

Por ejemplo, vamos a convertir a nuestra rana verde de cuento en un amarillo, vistoso y reluciente pato:

RANA - PANA - PATA - PATO


Encadenad vuestras neuronas,
contadnos vuestras historias encadenadas y...
¡a jugar!




P.D. ¿Os atrevéis con otros idiomas?


domingo, 30 de enero de 2011

Medio pan y un libro




"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".


Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada).
Septiembre 1931. 






Nunca habían estado en el centro. Jamás habían pisado una librería. Hasta ayer. Ayer, una profesora de instituto se llevó de paseo a sus niños de las Tres Mil. Y esto fue lo que pasó.

Nazaret es alta para sus 14 años. Tiene una sonrisa tímida y deliciosamente parca; una mirada de las que se usan para soñar y con la que seguro que más de una vez se ha evadido de esa prisión de ladrillo cara vista que es su barrio de las Tres Mil Viviendas en Sevilla. Ayer pisó una librería por primera vez en su vida, aunque la biblioteca de su instituto se sabe de memoria sus pasos en busca de relatos breves y recopilaciones de leyendas. Lo que más le gusta hacer, según decía al final de la excursión, es estar con sus amigas (la afición más común en ese grupo y en todos los de su edad). Pero, por encima de todo, atesora una vocación que ayer cobraba entidad entre las montañas de libros: "Me gustaría ser escritora".

domingo, 9 de enero de 2011

Literatura, Ciencia y ¿Ficción?

Siempre hemos mirado a las estrellas.

Noche estrellada, Vincent Van Gogh


Mitos y leyendas nos abren las puertas a la posibilidad de volar hasta ellas. A través del tiempo, Luciano de Samosata, Cyrano de Bergerac, Johannes Kepler, Julio Verne... todos sueñan con viajar a la luna.

Las historias basadas en viajes imaginarios tenían por lo general una finalidad satírica, como es el caso de Los Viajes de Gulliver, obra maestra del escritor inglés Jonathan Swift.

Pero ni siquiera una mente tan imaginativa como la de Swift podría soñar con una realidad tan microscópicamente pequeña e interesante como la que estos últimos años la Ciencia está haciendo posible: Nanotecnología "Microliliputiense".

En la Nanociencia, "lo pequeño es diferente" . Las cosas pequeñas son radicalmente distintas. A partir de un determinado tamaño, las propiedades de la materia cambian. El objetivo de la Nanotecnología es dar la vuelta al camino: ver si somos capaces de fabricar algo útil e interesante con estas cosas tan pequeñas.
Y parece que lo estamos consiguiendo.

Hoy el hombre debe empezar de nuevo a volar con su imaginación, porque la ciencia ficción se ha ido derrumbando gracias a los avances científicos.



Aunque siempre seguiremos mirando a las estrellas.

Noche estrellada de Van Gogh, fotografía de Martí Busquets


jueves, 6 de enero de 2011

Deseos




Perfectos, perfectos, lo que se dice perfectos...
Aquí os dejamos una página en blanco para que la llenéis de propósitos y deseos.
¿Seremos capaces de hacerlos realidad?