viernes, 24 de septiembre de 2010

¡Me aburro!



Me aburro.

Me aburro.

Me aburro.

¡Cómo en Roma me aburro!

Más que nunca me aburro.

Estoy muy aburrido.

¡Qué aburrido estoy!




Quiero decir de todas las maneras

lo aburrido que estoy.

Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.

Innegable, señor.

Es indisimulable.

¿Está usted aburrido?

Me parece que está usted aburrido.

Dígame, ¿adónde va tan aburrido?

¿Que usted va a las iglesias con ese aburrimiento?

No es posible, señor; que vaya a las iglesias

con ese aburrimiento.

¿Que a los museos -dice- siendo tan aburrido?

¿Quién no siente en mi andar lo aburrido que estoy?

¡Qué aire de aburrimiento!

A la legua se ve su gran aburrimiento.

Mi gran aburrimiento.

Lo aburrido que estoy.

Y sin embargo... ¡Oooh!

He pisado una caca...

Acabo de pisar -¡Santo Dios!- una caca...

Dicen que trae suerte el pisar una caca...

Que trae mucha suerte el pisar una caca...

¿Suerte, señores, suerte?

¿La suerte... la... la suerte?

Estoy pegado al suelo.

No puedo caminar.

Ahora sí que ya nunca volveré a caminar.

Me aburro, ay, me aburro.

Más que nunca me aburro.

Muero de aburrimiento.

No hablo más...

Me morí.


Rafael Alberti, El aburrimiento

domingo, 19 de septiembre de 2010

Estrellas

 
El silencio redondo de la noche
sobre el pentagrama
del infinito.

Yo me salgo desnudo a la calle,
maduro de versos
perdidos.

Lo negro, acribillado
por el canto del grillo,
tiene ese fuego fatuo,
muerto,
del sonido.

Esa luz musical
que percibe
el espíritu.

Los esqueletos de mil mariposas
duermen en mi recinto.

Hay una juventud de brisas locas
sobre el río.

Federico García Lorca, Hora de estrellas