lunes, 4 de octubre de 2010

El creador en el espejo

Cuentan que...


... Hemingway  sellaba su habitación colocando la mesa de trabajo contra la puerta: la única manera de abandonar aquel cuarto era seguir tecleando hasta alcanzar la última cuartilla. Al final de su vida escribía de pie ante un escritorio portátil, con un lápiz en una mano y una copa en la otra.

Thomas Wolfe, que medía más de dos metros, usaba de escritorio la parte de arriba de su refrigerador.

Demóstenes construía sus oraciones después de rasurarse media cabeza, de modo que le diera mucha vergüenza mostrarse en público.

Friedrich Schiller descorría las cortinas rojas de su estudio, ocasionalmente metía los pies en agua helada, y tenía manzanas podridas en su escritorio para olerlas mientras trabajaba.

John Keats se levantaba temprano, se bañaba, se ponía una camisa limpia como si fuera a salir, y luego se sentaba a escribir.

Henrik Ibsen se sentaba en su escritorio con un retrato al óleo de August Strindberg, de modo que su paisano y “mortal enemigo” pudiera “estar ahí suspenso, mirando” mientras él escribía.

Emily Dickinson construía poemas en la cabeza mientras hacía las tareas de casa y luego los escribía en su cuarto a la luz de una vela.

John Cheever se ponía corbata y abrigo y bajaba en ascensor al sótano del edificio donde vivía. Allí se desvestía hasta quedarse en ropa interior y escribía la mayor parte de la mañana.

André Gide, después de culminar cada oración, levantaba la vista para mirarse en un doble espejo colocado frente a su escritorio. En 1893 confesó que su propio reflejo le hablaba y escuchaba, lo acompañaba, le daba aliento. Escribir mirándose escribir.

Se sabe de muchos escritores célebres que tenían la costumbre de escribir tumbados en la cama. No hay caso más triste, sin embargo, que el del escritor mejicano Manuel Payno: por problemas intestinales escribió la infinita novela El fistol del diablo sentado en una letrina y con una tabla sobre las rodillas. Es fácil entender la causa por la que don Manuel olvidaba los nombres y extraviaba de pronto a los personajes.

20 comentarios:

Club de Lectura dijo...

¿Maniáticos? ¿Lunáticos? ¿Genios?
¿Sólo los locos escriben o es la literatura la que vuelve locos a los hombres?

Para nuestros autores, habladnos de vuestros "métodos de trabajo".
Para vosotros, contadnos vuestras manías (seguro que tenéis) e investigad sobre las "rarezas", anécdotas y enemistades de escritores españoles. También en esto destacamos.

Mila Coco dijo...

He encontrado lo siguiente:

"Isabel Allende sólo empieza una novela los 8 de enero. Mark Twain, que escribía cierto número de palabras por día. Antonio Tabucchi, que sólo escribe en cuadernos escolares. Neruda lo hacía con tinta verde. Hemingway con una pata de conejo raída en el bolsillo (¿¡¡Para qué!!?). El alemán Thomas Mann le leía lo escrito a toda su familia y le pedía consejos. Y Gabriel García Márquez necesitaba estar en una habitación con una temperatura determinada. Debía tener en su mesa una flor amarilla, de lo contrario no se sentaba a escribir. Y siempre lo hacía descalzo."


Todo esto aparece en un libro llamado "Escribir es un tic" escrito por Francesco Piccolo.

Yo tengo manías, pero lo de las manzanas podridas me supera...

Algunos ejemplos de mis manías más comunes son: escuchar, de lo que dice mi madre, la mitad o menos, morderme los labios, cuando me siento, tener las piernas entrecruzadas, tener siempre la sensación de que se te olvida algo, mirar el móvil trescientas veces antes de ir a dormir por si está puesta la alarma, mirarme cuatrocientas veces al espejo...
Mi manía más rara, si se le puede considerar manía, es cantar cuando paseo por el campo con mi perra, sin venir a cuento (menos mal que no hay nadie cerca que pueda asustar).

Mis métodos de trabajo más utilizados son: hacer siempre, primero los deberes de escribir, y lo más fácil, y más tarde, lo que me tenga que aprender de memoria, y lo más difícil, descansar más o menos cada media hora, y ahora que todavía hace solecito, salirme fuera a la terraza a estudiar. Aunque no lo aconsejo porque siempre terminas distrayéndote...

Manuel que es escritor, ya nos contará sus manías, que seguro serán más interesantes.

Un saludo :)

Raquel dijo...

Lo de El fistol del diablo pensaba que era broma porque parece de chiquito de la calzada :D
Lo he buscado y resulta que se llama así y que era una novela de folletín ja,ja,ja, aunque en el sitio que escribia el pobre seguro que no se le ocurrió algo mejor.
Otro día os cuento mis manías.

Manuel Amaro dijo...

Lo cierto es que si escribiera mientras voy al baño, lo último que haría es contarlo. Es como aquella vez que me llamó mi hermano al teléfono y me surgió una urgencia. Cuando me preguntó que qué estaba haciendo, tuve que obviar (que no mentir) la respuesta diciéndole un simple "aquí estoy, en mi casa".
Pero lo dicho, jamás revelaría este tipo de cosas con tufillo leoniano.
No soy muy consciente de mis manías, pero si las pienso sé que las tengo. Preguntaré a mis allegados, que seguro que me observan.
Sí adelanto que cuando estoy inmerso en una historia (ya sea novela y relato), suelo "escribir" diálogos mientras corro por las calles, así que si alguien me ve por ahí y no saludo, que sepa que estoy en mi mundo de nieblas y deleznes.
Preguntadle a María, que seguro que sabe.

Club de Lectura dijo...

Allegados y María: esperamos impacientes vuestros cotilleos.

NNazaret dijo...

¿Manías? Pufff... muchísimas. A la hora de tocar el cello: descalza, siempre, y con un lápiz en la boca. Yo creo que esa es mi manía más rara. Luego algunas obsesiones con los números pares, contar los pasos mientras camino o las respiraciones, también es muy fácil que me empecine con alguna melodía y la vaya cantando por cualquier lado... y seguramente hay más por ahí...

Muy buena entrada. Siempre dicen que los genios tienen sus excentricidades. Yo sé algunas de músicos, pero me alegro de haber leído algunas sobre escritores.

Un saludo :)

Club de Lectura dijo...

Nazaret, nos encantaría que nos hablases de "excentricidades musicales".

Mila Coco dijo...

¡Se me había olvidado!
Yo, como Nazaret, también tengo algunas manías musicales.
Cuando toco el piano, siempre tiene que ser sin pulseras ni nada en las muñecas porque me molestan, y siempre pongo la silla en las mismas baldosas, porque si no me siento incómoda.

Un saludo ;)

Juan Antonio dijo...

Una de españoles:

Como sabe todo el mundo, Juan Ramón Jiménez le tenía fobia a la letra "g" por lo que la sustituía insistentemente por la "j" sin venir a cuento. Pero esto, con ser "godido", es lo de menos.

Según su amigo Ramón Gómez de la Serna, Jiménez le pidió una vez que le buscara una pensión cerca de una casa de socorro, pues no podía vivir lejos de un centro hospitalario.
Acostumbraba a clavar las puertas a los marcos para evitar que la muerte se colara en su habitación, y había que ir a rescatarle para que no se quedara emparedado.
No conducía coches, pues decía que no tendría más salida que suicidarse si un día atropellaba a un perro.
No soportaba ruido alguno y salía por las noches a cazar grillos para no oír su canto.
En fin, llegó a tener tal claustrofobia que acabó dando las conferencias lejos del estrado, de pie, junto a la puerta del aula o del salón, con el público girado hacia él, en previsión de salir chutando si la angustia le apretaba.

Un saludo.

los lunes dijo...

¿Sólo vale la pregunta para creaciones literarias? En cualquier caso, no hay nada como despertarse en mitad de la noche con las ideas claras, con la sensación de revivir aquél eureka de Arquímdes, y poder plasmar esas ideas en el silencio de la noche, mientras el mundo reposa plácidamente, ignorante de lo que en ese momento está surgiendo.
Claro que luego llega la mañana y los litros de café para aguantar el tirón...

María A. dijo...

Manuel Amaro: lleva en el coche un bloc de notas (siempre el mismo, desde que el mundo es mundo) y aprovecha los semáforos en rojo, cedas, stops y demás paraditas para anotar ideas, diálogos o cualquier ocurrencia literaria que le asalte mientras conduce. León fue fruto de un ceda frente al Santo de Andújar...
Pero tiene la habilidad de escribir en ese bloc de tal forma que es imposible saber qué significa lo que hay escrito, ¡una palabra puede desencadenar un capítulo entero!

José Ramón dijo...

Yo soy bastante normalito, siento decepcionar. Para escribir basta con sentarme y ponerme a teclear. Para componer, con sentarme ante el piano es suficiente.
Quizá, y de acuerdo con "los lunes", cuando estoy bloqueado las soluciones me aparecen mientras duermo, por lo tanto me despierto a las tantas de la noche y me levanto para apuntar en el pentagrama o en un folio la ocurrencia de turno.

NNazaret dijo...

Había escrito un comentario largo sobre las curiosidades musicales y Blogspot me lo ha borrado por exceso de extensión... no puede ser :(

Club de Lectura dijo...

Nazaret, hemos intentado recuperar el mensaje pero no aparece. Inténtalo de nuevo cuando se te pase el mosqueo (nos gustaría mucho).
¡Gracias!

cristina serra dijo...

yo tengo muchas muchas manias, antes cuando iba al conservatorio y me tenia que poner a ensayar con el chelo siempre lo tenia que hacer en mi dormitorio justo entre las dos camar, dandole la espalda a la ventana y con la puerta abierta de par en par. a la hora de estudiar siempre me pungo en el cuarto de estudios con el libro un folio y un lapiz, muchas veces el folio acaba lleno de palabras que leo y luego cuando lo miro me recuerda todo el tema.
y cuando me pongo a escribir, siempre lo hago con el mismo boligrafo, es uno de Jordi Labanda que me regaló mi tia y siempre escribo con el mismo, sino no puedo.

José Ramón dijo...

Animo a los estudiantes a que no solo investiguen sobre las "rarezas" de los escritores españoles, sino que podemos abrir el abanico, y aprovechando las numerosas citas que hemos ido metiendo sobre la música, que lo hagan también sobre compositores españoles. Sabed que al repertorio musical también se le denomina literatura musical, por tanto podemos ampliar los límites del término. Doy algunos nombres como orientación: Manuel de Falla, Joaquín Turina, Isaac Albéniz, Enrique Granados...

Carlos dijo...

He encontrado esto de Falla:

El compositor Manuel de Falla, tenía una personalidad un tanto especial.
Entre sus múltiples manías se encuentra una fuerte aversión a la suciedad, hasta el punto de tener que desinfectar personalmente con alcohol cada una de las teclas del piano en el que tocaba cuando daba un concierto, por el simple hecho de que había pasado por muchas manos. Tenía fobia a los microbios. Incluso llegó a desarrollar una tendinitis de tanto lavarse las manos.

Un músico muy limpio ;)

José Ramón dijo...

Muy Carlos, ciertamente D. Manuel de Falla era un personaje muy singular.

María Plaza dijo...

¿MANIAS? Se puede decir que soy una persona poco maniática al menos a la hora de ponerme a hacer deberes o a estudiar, no necesito ni demasiado silencio ni un sitio adaptado a la ocasión, cuanto más ruido mejor. Lo que sí puedo decir es que por la noche cuando ya estoy en mi cama es cuando más ideas me rondan la cabeza, en cierto modo será porque es cuando más tiempo tengo y puedo estar concentrada solo en mis pensamientos, en ese momento, en esos instantes, antes de dormir, es cuando se me ocurren historias, lugares y personajes para escribir. Es un poco desquiciante, pues cuando me levanto no queda ni rastro de esas “fantásticas ideas” (o al menos eso me parecían), de la noche anterior.
A la hora de buscar escritores y sus manías me he dado cuenta de lo poco comunes e incluso excéntricas que son las costumbres de algunos de ellos, pero también he descubierto que es algo normal en esta profesión. Creo que los escritores al a ver sentido la inspiración en una situación concreta, intentan recrearla para que la creatividad vuelva a surgir y llegan a convertirlo en una auténtica manía.
Borges se metía en la bañera de su casa, donde meditaba y decidía si lo que había soñado la noche anterior le podría servir para una historia o un poema;
Mario Benedetti a sus más de ochenta años, procura a veces llegar a sus citas con antelación y así aprovechar ese tiempo para trabajar.
García Márquez necesitaba rodearse de flores amarillas para escribir.
Carlos Garrido dice ser incapaz de escribir en un espacio muy grande. Sigue el efecto madriguera, a base de buscar rincones cerrados o toperas para escribir.

José Luis Expósito dijo...

Por manías que no sea, porque todos tenemos alguna. Yo por ejemplo, soy metódico a más no poder para hacer los deberes. Primero pongo las asignaturas por el orden en que voy a hacer las actividades, y luego pongo música (ojo, en italiano, y mas bien lenta) muy muy bajito, para que solo se oiga de fondo. Y que no se oiga nada mas, que si no, no me puedo concentrar. Y otra manía muy insistente (¡y molesta!) es que cuando enciendo la tele, le bajo el volumen a 0, y de ahí, voy subiendo hasta un número par con un volumen adecuado. ¡Lo malo es cuando el volumen del televisor no tiene números!